No sentía ganas de divulgar lo que está pasando por esta esfera corporal que me sostiene el mundo.
Pero la inspiración llegó
y la sintió mi piel...
y acá estoy... exclamándole al mundo la necesidad de actuar que tienen estas endorfinas.
Y en esta noche, amalgama de un insomnio cruel, sólo me basta dar vueltas al ritmo de la deshora y escribir los delirios más libres con estas manos ultrajadas por el tiempo que se me caga de risa en la cara.
Sentada frente a un teclado inalámbrico que se burla de la espera a que las palabras surjan, y se suiciden por mis dedos.
Esta noche me condena a permanecer quieta acá. Mi lugar no concurrido... Acá, donde todo está encrucijado.
Necesito estallar en un sin fin de perfumes. Hoy la piel hablá, grita, estalla, no es calor... de mi palidez diverge ese rostro que hoy me viste.
Siento la necesidad de ser, extravagancia al actuar.
Y un par de besos antes de decir Adiós. Que nunca dijiste.
Nos unió el camino. Pero te olvidaste de regalarme tus manos para cruzar. Y me golpeó la ausencia.
Y hoy le hablo a tus labios. Ya los míos están partidos y no cicatrizan...
Exijo presencia de bocas que los muerdan y salden esta cuota de dolor con saliva.
Es tarde.
Las agujas del reloj se me incrustan hasta generar un dolor de estómago extraterrestre.. el insomnio amenaza con partirme el abdomen en dos. Y me desparramo usando las pisadas que se disfrazan de tus ojos para atravesarme.
Necesito que tu piel me pise una vez más las costillas y me estrangule con el aire. para así sentir tus talones hundirse en mi espalda invertebrada.
Acá tenes mis brazos, guías sobre tu hombro firme.
Mis manos, guías sobre tu cadera angosta.
Acá el punteo lo lleva mi lengua en tu cuello expectante.
Tengo una fe ciega que cuando quiero puedo decirte las cosas sin que las cuerdas vocales vibren.
Acá... ¡por favor! dejá a mi dermis ser libre!
La aguja del reloj sin anestesia puntea en esta noche, y todo parece dar un salto mortal, mientras busco el punto G de mi risa, que no es risa sino la simulación del estallido de un volcán en mi boca.Me conformo con poco, simulándole un piquete a mi histeria.
Las 2 a.m se construyen en cuatro paredes silenciosas.. y estoy a punto de tragrarme las migajas de algún rock que significan el recuerdo de aquella noche...
esa dónde mirarte significaba tatuar la palabra infinito en tu frente.
Me teletrasportabas.
Busco el paradero de la murga de trucos de placer que dejé en el camino, o se quedaron aterrados en algún minuto dónde no fui lo que quise ser.
Prometo archivar las caretas (esas que transforman para no deformar al corazón que juega de esclavo).
Sangra la lágrima en un jaque mate en el que gana la razón.
Y busco en mi farmacity de venas y arterias, pero adentro mío no hay remedio.
Prometo archivar las caretas (esas que transforman para no deformar al corazón que juega de esclavo).
Sangra la lágrima en un jaque mate en el que gana la razón.
Y busco en mi farmacity de venas y arterias, pero adentro mío no hay remedio.
"amores como flechas van cruzando el sueño y te acribillarán"...
Por algo siempre los hoteles se alquilan por horas, es menor la posibilidad de hacer daño.
Y hoy prefiero retraerme, sin perspectiva. ¿Por qué no hacerlo si el sistema métrico decimal es algo que el corazón no entiende?: la distancia.
Bloquear la mayúscula en la que tenía escrita tus silabas... porque para vos yo soy Kamchatka y yo sólo quería sostenerte el mundo.
La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero Hotel de Belgique. Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podria transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano.
Hasta luego, querida. Que te vaya bien.
Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria.
Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.
Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas.
Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por que estaría mal?
Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro.
Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y aceptar taimadamente su nombre de nube, su replica catalogada en la memoria.
No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por que te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío.
Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso.
¡Oh cómo cantan en le piso de arriba! Hay un piso arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal.
Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido.
Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las cosas ya sabidas, no el hotel de enfrente: la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mi como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.
gracias CORTAZAR. gracias

Duró:
algunas
noches,
contadas
semanas
y
dos
amaneceres.
no sabría decir el momento exacto en el que comenzas-te a olvidar-me.
Creo que fue entre
las ocho
y
las nueve
de la mañana.
Tengo todos los signos de admiración en la mano,
te llevaste los puntos,
esquivando las respuestas y yo me quede extrañando(te).
Así, en bajito.
Una piel desnuda, un cuerpo sin roce, una cama vacía, la ventana sin sol, el enchastre de mis miedos, y las cenizas del amor que me inauguró.
Es barata la entrada al show.
Te invito a que me patees la cara.
Sentate en la primer butaca, que hoy actua el corazón.
Un cuerpo inundado de voces que se transpiran por la piel.
yo.tu.él.nosotros.vosotros.ellos.
la cabeza ya manda a los sentidos por una ruta bioceánica.
le importó una mierda que el rol de señorita le saliera mal. pero lo que no quería era equivocarse.
cambiar de lugar no sirve si te sabes de memoria cómo mover los casilleros.
desgranarse el cuerpo, las ideas, los ritmos del pensamiento.
es tan dura la mirada penetrante de una ·suciedad· fantasma.
y un vestuario que no espera y un cuerpo que mientras ... muta.
en la habitación, las paredes están desnudas (igual que ella)
pero las proporciones de piel no se miden con centímetros.
se adimensiona el cuerpo, el espejo no traduce lo que Camila siente.
en cuclillas se siente más fuerte el dolor.
en el costado de las heridas se refleja la tristeza.
por sentir,
por querer ignorar el vacío de una puta esperanza que se va
la ilusión vestida de luto por un futuro que no viene como ella quiere
carajo
un as bajo el vestido de color en una noche gris. un soutien que sostiene la nada, mientras los breteles hacen sangrar el corazón.
la realidad ajusta y encorva la espalda.
nos pesan los hombros.
el teléfono con fiebre, la muerte en un calendario.
¿la vida se pasa mientras esperas que el otro te necesite?
la vida se pasa y vos la necesitas.
no es fácil confiar cuando hasta las marionetas se te ríen en la cara
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